Los fisiólogos del ejercicio también nos vemos sorprendidos cuando se baten esos récords que hasta hace unos años parecían imposibles, pero más nos sorprendemos porque ya estamos en condiciones de vaticinar que los límites están cada vez más cerca y ello nos da idea de llegar a la meta final.
Las investigaciones médicas establecen que faltan aún unos 50 años de proezas humanas donde aún veremos cómo los atletas seguirán consiguiendo milésimas menos o milímetros de más pero, con toda seguridad, estos récords se harán cada vez más esporádicos.
Varios son los factores involucrados a la hora de buscar explicaciones plausibles que den fundamento al rompimiento de marcas. En primer lugar hubo un tremendo avance en la medicina del deporte y ciencias aplicadas, entre ellas, biomecánica, nutrición y fisiología del ejercicio que contribuyeron enormemente al conocimiento de cómo manejar las variables tanto del entrenamiento físico propiamente dicho como del entrenamiento “invisible” todo lo cual tiende a mejorar las performances.
También es cierto que los atletas tienen, en la actualidad y de manera ilegal, antiética e irresponsable para la homologación de récords, un libre acceso a sustancias de dopaje y contradopaje siendo éste uno de los principales motivos de los grandes logros en las plusmarcas en los últimos 40 años.
Otro ítem a considerar es la ayuda externa producida por la tecnología, desde lo instrumental, el equipamiento hasta la indumentaria, todo lo cual da valor agregado a fin de conseguir milésimas extras.
Creo que si vamos a ver nuevos récords, seguramente vamos a tener que optimizar la metodología de medición, ya no serán centímetros o centésimas sino milímetros, milésimas o, quizás, micrones, miligramos, etc.
El ser humano es una máquina noble y sorprendente que se está acercando a su perfección, por lo menos, en cuanto a deporte se refiere. Llegará el momento, entonces, de filosofar en la búsqueda de nuevas motivaciones.
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