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¿Cuánto ejercicio físico es necesario en la enfermedad coronaria? |
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Se ha mostrado que niveles más bajos de actividad física que los previamente recomendados reducen el riesgo de ciertas enfermedades crónicas degenerativas pero aún son insuficientes para mejorar el VO2 máx (consumo de oxígeno máximo). |
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El ejercicio a intensidades moderadas (= al 60% del VO2 máx) puede producir numerosos beneficios para la salud, incluyendo mejorías en el bienestar psico-social, en la densidad ósea, tolerancia a la glucosa y en los factores de riesgo coronario, así como una reducción en la mortalidad relacionada con causas cardiovasculares. Además, aparentemente el entrenamiento físico de baja y alta intensidad produce incrementos comparables en la capacidad funcional y en el colesterol con lipoproteínas de alta densidad (HDL) en pacientes cardiacos desentrenados, al menos durante los 3 a 12 meses iniciales de acondicionamiento. La Figura muestra la relación teórica entre los beneficios sobre la salud y la capacidad cardiorrespiratoria, estimados a partir de aumentarlas dosis de ejercicios. Aparentemente, los beneficios sobre la salud pueden ocurrir con niveles o intensidades más bajas, es decir con cantidades que podrían no necesariamente mejorar la capacidad aeróbica. Sin embargo, tales programas normalmente están asociados con una mayor duración de ejercicio, mayor frecuencia, o ambas.
Dentro de las 3 a 11 semanas luego de un infarto, cirugía cardíaca o angioplastia clínicamente sin complicaciones, generalmente se produce un incremento "espontáneo" en la capacidad aeróbica o VO2 máx. limitado por la fatiga, aún en pacientes que no realizan un entrenamiento físico normal. Esto se debe supuestamente a que el cuidado personal y otras actividades fuera del hospital, llevadas a cabo por los pacientes cardíacos apenas después de abandonar el mismo, llevan a incrementar de manera sostenida el consumo de oxígeno que puede superar la intensidad "umbral", la cual para la mayoría de pacientes desentrenados con enfermedades en las arterias coronarias podría rondar entre el 40% y el 60% del VO2 máx. No obstante, la capacidad aeróbica puede aumentarse aún más a través de programas de acondicionamiento físico en el gimnasio o en el hogar.
Los incrementos en el VO2 máx entre pacientes cardiacos varía entre el 11 y el 66% luego de 3 a 6 meses de entrenamiento físico, con los mayores aumentos entre los más desentrenados. El beneficio más consistente parece ocurrir con un entrenamiento de al menos 3 veces por semana durante 12 semanas o más, 20-40 minutos por sesión, a una intensidad aproximada al 70-85% de la frecuencia cardiaca máxima. Sin embargo, intensidades de 50-70% en el rango de frecuencia cardiaca, correspondientes al 40-60% del VO2 máx., han mostrado tener un efecto similar sobre la mejoría en la capacidad funcional en pacientes desacondicionados. La intensidad umbral parece aumentar en proporción directa con el VO2 máx. pre-entrenamiento. El aumento en la capacidad aeróbica con intensidades bajas a moderadas sugiere que la interrelación entre intensidad de entrenamiento, frecuencia, y duración podría permitir una disminución en la intensidad, que es parcial o totalmente compensada por los aumentos en la duración del ejercicio o en la frecuencia, o ambos.
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A pesar de que se cree que los beneficios aeróbicos del ejercicio se consiguen sólo con sesiones continuas de 30 minutos o más, algunos estudios recientes han mostrado mejorías en la capacidad cardiorresiratoria en sujetos que completaron tres series de 10 minutos de intensidad moderada por día, en comparación con aquellos que realizaban una serie continua de 30 minutos, 5 veces por semana, durante 8 semanas. El aumento relativo en el VO2 máx. fue significativamente mayor en el grupo con la serie continua (13.9% vs. 7.6%); sin embargo, ambos grupos mostraron idénticos porcentajes de incremento y disminución en la duración en el test de esfuerzo y en la frecuencia cardiaca submáxima, respectivamente. De manera similar, un grupo de sujetos que fue aleatoriamente asignado a uno de tres grupos que corrieron la misma distancia total, pero en una, dos, o tres sesiones diarias, mostraron mejorías comparables en la capacidad cardiorrespiratoria (medida mediante VO2 máx.); sin embargo, los niveles de lipoproteínas de alta densidad en el colesterol incrementaron significativamente sólo en el grupo que entrenaba tres veces por día. Por lo tanto, los incrementos relativos en la capacidad funcional parecen depender más del "fitness" o aptitud física inicial del sujeto y de la cantidad total de ejercicio realizado o de las kilocalorías (kcal) gastadas, que de la frecuencia, intensidad, o duración específicas del ejercicio. |
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| Barry A. Franklin, Kimberly Bonzheim, Seynour Gordon.
Departamento de Medicina, División de Cardiología (Rehabilitación Cardíaca), William Beaumont Hospital, Royal Oak, Michigan, E.E.U.U. |
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