Muchos otros optan, muy por el contrario, por abstraerse de todo y concentrarse plenamente en la sesión de actividad física.
Para los primeros se trata de una necesidad que diluye el tedio del entrenamiento (se supone que de fondo) mientras que los segundos alegan ciertas desventajas que los aíslan de la concentración necesaria a la hora de plantearse objetivos para mejorar la performance. Tanto lo uno como lo otro parece ser cierto. Veamos.
Algunas aclaraciones previas…
Aquí se deben hacer algunas aclaraciones; por un lado distinguir entre el corredor recreativo que corre para mejorar su salud o su calidad de vida; por otro lado el corredor que ya apunta a rendir cada vez mejor en las pruebas de calle o, por lo menos, correr una media maratón a los que podríamos denominar semiprofesionales. Finalmente están los profesionales, sean éstos fondistas o velocistas cuyo único objetivo es mejorar sus tiempos y rendimiento. Es válido aclarar que el segundo tipo de población es cada vez más prevalente y, a la vez, más exigente.
Por otra parte no es lo mismo correr en la cinta del gimnasio cerrado que hacerlo al aire libre y, por lo tanto, oir música puede también tener consideraciones que comportan riesgos cuando los estímulos para la distracción son múltiples y variados (ej. música y TV en simultáneo, característicos de los gimnasios modernos).
Asimismo se debe considerar el tipo de entrenamiento a seguir, un fondista puede darse el lujo de conllevar un dispositivo adaptado mientras que si el tipo de actividad consistirá en pasadas de velocidad o entrenamientos fraccionados con tiempos y pausas establecidos (variedad muy frecuente) seguramente la música se transformará en un eje de distracción a tal efecto.
En otro orden se debe tomar en cuenta cómo está el sujeto en esos momentos y qué necesidades tiene porque, en verdad, dependiendo de la música que se escuche puede servir tanto como un tónico energizante asi como una atenuación del stress que tienda al relax y al placer.
Ventajas y desventajas…
El último argumento del punto anterior es el que esgrimen muchos para defender el uso de los aparatos de música mientras se corre, alegan que no sólo les permite rendir más tiempo corriendo sino que les brinda una energía extra que, de otro modo, no tendrían y los condenaría al abandono precoz de la actividad. Asi también les provoca placer ya que no es cualquier música sino la que ellos mismos eligen, más aún argumentan que la música funciona como un bálsamo antistress que les hace olvidar el mismo esfuerzo que se está realizando lo que, en definitiva, puede hasta no ser beneficioso como seguidamente se verá.
Las desventajas no son pocas. Principalmente el abstraerse de lo que se hace implica un cierto peligro ya que el correr no está exento de riesgos. Estos son los vinculados a lesiones por exceso, la calle, el terreno sinuoso, los autos, una bocina de bicicleta, es decir, los alertas en general que quedan subdimensionados por el influjo de la música que los supera en decibeles, sobre todo cuando se oye en muy alto nivel, hecho bastante frecuente. Si bien se sabe que el cerebro sigue funcionando normalmente mientras se corre, aquí es donde se necesita de una plena consciencia para evitar riesgos.
Otro detalle interesante a destacar es que los corredores suelen elegir vías naturales para desarrollar su actividad, espacios al aire libre que les permita una buena conexión con la naturaleza y los ruidos que de ella emergen (ruido del viento, trino de los pájaros, etc). Muchos rechazan todo entorpecimiento de este vínculo que supone la fuerza misma, análoga a la que representa la música para otros.
Además se han observado varias consultas médicas por dificultades en la audición en gente joven que, frecuentemente, son atribuídas a un estímulo sonoro sobredimensionado en decibeles para las capacidades de tolerancia del oído humano. También la precoz aparición de infecciones locales (otitis) como consecuencia de la imposibilidad de ventilación del oído y la acumulación de sudor y humedad lo que estimula la rápida multiplicación de gérmenes.
En síntesis, son variados los argumentos a favor y en contra del uso de la música durante la sesión de trabajo físico, sólo es necesario una pormenorizada evaluación de los objetivos y gustos personales, un análisis de resultados sobre experiencias previas y una estricta aplicación del sentido común para evitar peligros, situaciones dañinas para la salud y obtener los mejores resultados en el rendimiento deportivo. |