Promovidas por la industria o simplemente mal entendidas, las falsas creencias minan muchos de los esfuerzos por controlar una causa directa de muerte: el tabaquismo.
12 Falsos Mitos que pueden propiciar el inicio del consumo o desviar las intenciones de suspenderlo.
La gente es libre de decidir si fuma o no.
Todos creemos que somos criaturas con completa libertad de decisión. Sin embargo, en el caso del tabaco, esta libertad queda trastornada por los anuncios y la adicción.
El dinero que los fabricantes gastan en publicidad suele superar, con creces, las sumas invertidas para controlar el tabaquismo. La industria tabacalera se asegura de que haya suficiente nicotina en cada cigarrillo para mantener la adicción de las personas.
Todo el mundo sabe lo malo que es fumar
Muchas personas saben que el tabaco no es sano pero todavía quedan ciertos grupos desinformados. En China, por ejemplo, esta falta de conocimiento viene asociada con un alto índice de consumo.
Además, relativamente pocas mujeres son conscientes de los peligros relacionados con su sexo, entre los que se encuentra el riesgo de padecer cáncer cervical, osteoporosis, menopausia temprana, abortos, embarazo ectópico -fuera del útero- e infertilidad.
Unos pocos cigarrillos al día no hacen daño
El cáncer de pulmón sí guarda relación con la dosis; a más cigarrillos fumados, mayor riesgo de padecer este tipo de tumor. Sin embargo, otras enfermedades, como las cardiovasculares, no presentan esta característica y la probabilidad de sufrirlas aumenta aún consumiendo bajas cantidades (a partir de tres unidades al día).
Los cigarrillos 'light' son menos dañinos
Esta clase de productos son tan peligrosos como el resto. Aunque las máquinas sí detectan niveles menores de nicotina y alquitrán, los los consumidores fuman de una manera distinta a las máquinas, con lo que las cifras acaban siendo las mismas. De forma inconsciente, y para compensar los menores niveles, los consumidores fuman más cigarrillos, inhalan el humo más fuerte y profundamente, bloquean los orificios de ventilación.
Es fácil dejarlo
Es posible dejar de fumar pero no siempre es una tarea sencilla. La nicotina tiene una naturaleza adictiva y se asemeja con la de otras drogas como la heroína, la cocaína y el alcohol.
Los medicamentos específicos no funcionan
Las terapias sustutitivas de la nicotina -parches, chicles y comprimidos- bupropion y vareniclina- sí son eficaces a la hora de propiciar el cese del consumo. La combinación de estos tratamientos con un apoyo psicológico suele resultar determinante.
Un fumador siempre será un fumador
Afirmación rotunda: "Más de la mitad de los americanos que han fumado alguna vez han abandonado".
Los fumadores sólo pierden un par de años de vida
Las personas que fallecen a causa del tabaco pierden una media de 14 años de vida. "No fumar alarga la vida, incluidos los años libres de discapacidad, y comprime esta invalidez a un menor periodo de tiempo [...] Nunca es demasiado tarde para dejarlo, incluso las personas que lo abandonan tras décadas de consumo mejoran su salud y sus expectativas de vida".
El tabaco ambiental no mata
Treinta minutos de exposición pasiva al humo de tabaco son suficientes para que el sistema circulatorio del no fumador se comporte de manera similar al de un consumidor. Esta circunstancia aumenta el riesgo de sufrir, entre otras patologías, un trastorno cardiaco.
El tabaco es bueno para la economía
Los costos sociales del tabaco a largo plazo superan los beneficios. Si este producto desapareciese de la economía, el dinero "se invertiría en otros bienes y servicios que generarían el suficiente empleo y actividad económica para reemplazar lo que podría haberse perdido de la industria tabacalera".
El problema del tabaco ya está solucionado
Globalmente, unos 1.300 millones de personas son fumadores -más que nunca en la historia- y, este siglo, más de 1.000 millones morirán de causas relacionadas con el tabaco, a no ser que se actúe urgentemente a nivel local, nacional e internacional".
La industria ya no se dirige a los jóvenes
La mayor parte de los consumos se inician entre los 12 y los 17 años. Los fabricantes de cigarrillos son conscientes de ello y, por eso, continúan dirigiéndose a los más jóvenes. La presencia del tabaco en el cine o los materiales promocionales (camisetas, gorras) son dos de las vías empleadas para llegar a los más jóvenes.
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